13° Domingo del Tiempo Ordinario

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Himno

Vamos Cantando al Señor

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

¡Vamos cantando al Señor!

¡Él es nuestra alegría!

 

La luz de un nuevo día,

venció la oscuridad,

que brille en nuestras almas,

la luz de la verdad.

 

La roca que nos salva,

es Cristo, nuestro Dios.

Lleguemos dando gracias,

a nuestro Redentor.

 

Los cielos y la tierra,

aclaman al Señor.

Ha hecho maravillas,

inmenso es Su amor.

 

Unidos como hermanos,

venimos a Tu altar,

que llenes nuestras vidas,

de amor y de amistad.

 

Juan A. Espinosa, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.

Introducción

Todos se persignan con la señal de la cruz diciendo, “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Líder:               Alabemos a Dios, quien llena nuestros corazones y nuestro hogar con la paz.

Bendito sea Dios por siempre.

Todos responden:        Bendito sea Dios por siempre.

Canten o reciten el Gloria juntos:

 

                        Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama al Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque sólo tú eres Santo,

sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Líder:               Oremos.

Señor Dios, que mediante la gracia de la adopción filial

quisiste que fuéramos hijos de la luz,

concédenos que no nos dejemos envolver

en las tinieblas del error,

sino que permanezcamos siempre vigilantes

en el esplendor de la verdad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios por los siglos de los siglos.

Lecturas

Se recomienda que alguien que no sea el líder proclame las lecturas del día de una Biblia.  De lo contrario, las lecturas diarias se pueden encontrar en http://www.usccb.org/bible/lecturas/

Primera Lectura: 2 Reyes 4, 8-11. 14-16a

Salmo Responsorial: Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19

Respuesta (todos juntos): Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor,

y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre, eterno,

y mi lealtad, más firme que los cielos”.

Respuesta (todos juntos): Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Señor, feliz el pueblo que te alaba

y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegra a todas horas

y al que llena de orgullo tu justicia.

Respuesta (todos juntos): Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Feliz, porque eres tú su honor y fuerza

y exalta tu favor nuestro poder.
Feliz, porque el Señor es nuestro escudo

y el santo de Israel es nuestro rey.

Respuesta (todos juntos): Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Segunda Lectura: Romanos 6, 3-4. 8-11

Evangelio (Todos se ponen de pie para la lectura del Evangelio. Un laico omite el saludo, “El Señor esté con ustedes” y procede a “Una lectura del santo Evangelio según San…”): Mateo 10, 37-42

Reflexión sobre las lecturas

Esta semana tenemos una reflexión del P. Daniel Dillard, párroco de la Parroquia Cristo Rey en Scottsville y la Parroquia Santa María en Franklin:

Es difícil creer que ya han pasado varios meses en que hemos estado rodeados de la muerte. A lo mejor hemos experimentado personalmente la muerte de un ser querido durante este tiempo o a lo mejor hemos tenido suerte de que la sombra de la muerte se haya mantenido lejos de nuestra puerta, de todos modos, la muerte ha impactado nuestras vidas. Las muertes literales causadas por el coronavirus han llevado a muchas muertes más pequeñas. La pérdida de empleos, la incapacidad de salir de la casa en la forma que deseamos e incluso algo tan insignificante como no poder cortarse el pelo. Todas estas son muertes. Esto no es para minimizar la importancia de aquellos que realmente han muerto durante este tiempo de pandemia. Más bien es para enfatizar que morir a uno mismo es una parte esencial de nuestra fe cristiana.

En la segunda lectura de este fin de semana se nos dice que aquellos de nosotros que fuimos bautizados fuimos incorporados en la muerte de Jesús. Cuando fuimos bautizados, morimos a este mundo para que pudiéramos tener vida en el mundo por venir, pero nuestro Bautismo fue solo el comienzo de nuestra muerte a este mundo. Si queremos ser fieles a nuestro llamado como hijos de Dios, debemos continuar muriendo a nosotros mismos a lo largo de nuestras vidas. Cada vez que elegimos un acto de auto-sacrificio por el bien de nuestros hermanos y hermanas, estamos cultivando la muerte de nuestro Bautismo. Cada vez que sacrificamos nuestros deseos por el bien de otra persona, nos convertimos en la persona que nuestro Bautismo nos llama a ser. Cada vez que elegimos poner las necesidades de otra persona por encima de las nuestras, el mundo pierde su poder sobre nosotros y la muerte pierde su aguijón. San Pablo nos dice que si morimos con Cristo también viviremos con él. Que morir con Cristo comienza con nuestro Bautismo, pero no termina allí. Continúa a lo largo de nuestras vidas.

En el Evangelio de este fin de semana, Jesús mismo nos dice el extremo al que debe llegar este morir a nosotros mismos y morir al mundo. Nos dice que, si amamos las cosas de este mundo más de lo que lo amamos a él, entonces no somos dignos de él. Debemos amarlo más que a cualquier cosa en este mundo, incluso a nuestros propios padres e hijos. Este morir a nosotros mismos exige un sacrificio radical de nosotros mismos. Nada menos que un don total de nosotros mismos será suficiente. Entonces, la próxima vez que no puedan entrar al restaurante que quieran en el momento que quieran; o no pueden ver una película porque el teatro está cerrado; o les dicen que no pueden ingresar a un lugar en particular a menos que usen una mascarilla, no lo vean como una imposición para quejarse, más bien considérenlo como una oportunidad para morir a ustedes mismos por el bien de los demás. Considérenlo como una oportunidad para ajustarse a la muerte de Cristo, para que al final de la vida todos juntos podamos resucitarnos con él a una nueva vida.

Además, también puede encontrar reflexiones en inglés en video de la USCCB sobre las lecturas aquí: http://www.usccb.org/bible/reflections/.

Tomen un período de silencio para reflexionar sobre la Palabra de Dios.  A lo mejor les gustaría hacer las siguientes preguntas:

                        ¿Qué palabra o frase toca su corazón?

                        ¿Cómo pueden aplicar este mensaje a su vida diaria?

Oración de los fieles

Líder:               Demos gloria al gran Dios, presentando nuestras necesidades con confianza.

Ustedes o los miembros de su familia pueden ser invitados a decir sus intercesiones en voz alta, a lo que todos responden: “Señor, escucha nuestra oración”.  Sería bueno incluir una oración por el fin de la pandemia del coronavirus y un regreso a la Eucaristía dominical pública.

Líder:               Dios de infinita misericordia, escucha las oraciones de tu pueblo, que alaba todas las cosas buenas que vienen de ti, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Respuesta:       Amén.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,

que estás real y verdaderamente presente

en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas

y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente,

más ya que no puedo

hacerlo sacramentalmente,

ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.

Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a ti.

No permitas que me separe de tí. Amén.

Acto de Acción de Gracias

Hagan una oración de acción de gracias. Esta puede ser su propia oración personal de acción de gracias, un cántico de alabanza de las Escrituras, o pueden elegir uno de los siguientes Salmos: Salmo 100; Salmo 113; Salmo 118, 1-4. 19-29; Salmo 136; Salmo 150

Rito de conclusión

En solidaridad con nuestra diócesis, aquí podrían incluir la oración del Papa Francisco a María por la protección contra el coronavirus encontrada al comienzo del Suplemento de Oración de la Diócesis de Owensboro.

Líder:               El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

Todos se persignan con la señal de la cruz.

Respuesta:       Amén.

Como una opción aquí, podrían agregar “Démonos un signo de la paz” extendiendo un signo de la paz de Cristo a sus seres queridos mediante un abrazo, un beso o lo que sea más apropiado para su situación.

Himno

Gracias, Señor

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

Hoy Señor, te damos gracias

Por la vida, la tierra y el sol.

Hoy Señor, queremos cantar

las grandezas de tu amor.

 

Gracias, Padre, mi vida es Tu vida,

Tus manos amasan mi barro,

mi alma es Tu aliento divino,

Tu sonrisa en mis ojos está.

 

Gracias, Padre, Tú guías mis pasos,

Tú eres la luz y el camino,

conduces a Ti mi destino

como llevas los ríos al mar.

 

Gracias Padre, me hiciste a tu imagen,

y quieres que siga tu ejemplo,

brindando mi amor al hermano,

construyendo un mundo de paz.

 

Cesáreo Gabaráin, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.