27° Domingo del Tiempo Ordinario

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Liturgia de la Palabra

27° Domingo del Tiempo Ordinario

Himno

 

Vamos Cantando al Señor

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

¡Vamos cantando al Señor!

¡Él es nuestra alegría!

 

La luz de un nuevo día,

venció la oscuridad,

que brille en nuestras almas,

la luz de la verdad.

 

La roca que nos salva,

es Cristo, nuestro Dios.

Lleguemos dando gracias,

a nuestro Redentor.

 

Los cielos y la tierra,

aclaman al Señor.

Ha hecho maravillas,

inmenso es Su amor.

 

Unidos como hermanos,

venimos a Tu altar,

que llenes nuestras vidas,

de amor y de amistad.

 

Juan A. Espinosa, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.

 

Introducción

Todos se persignan con la señal de la cruz diciendo, “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Líder:                            Alabemos a Dios, quien llena nuestros corazones y nuestro hogar con la paz.

Bendito sea Dios por siempre.

Todos responden:          Bendito sea Dios por siempre.

Canten o reciten el Gloria juntos:

 

                        Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama al Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque sólo tú eres Santo,

sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Líder:                Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

quien en la superabundancia de tu amor

sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican,

derrama sobre nosotros tu misericordia

para que libres nuestra conciencia de toda inquietud

y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios por los siglos de los siglos.

Lecturas

Se recomienda que alguien que no sea el líder proclame las lecturas del día de una Biblia.  De lo contrario, las lecturas diarias se pueden encontrar en http://www.usccb.org/bible/lecturas/

Primera Lectura:            Isaías 5, 1-7

Salmo Responsorial:    Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

Respuesta (todos juntos): La viña del Señor es la casa de Israel.

Señor, tú trajiste de Egipto una vid,

arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste;
ella extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes llegaban hasta el río.

Respuesta (todos juntos): La viña del Señor es la casa de Israel.

Señor ¿por qué has derribado su cerca

de modo que puedan saquear tu viña los que pasan,

pisotearle los animales salvajes,

y las bestias del campo destrozarla?

Respuesta (todos juntos): La viña del Señor es la casa de Israel.

Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos,

mira tu viña y visítala;

protege la cepa plantada por tu mano,

el renuevo que tú mismo cultivaste.

Respuesta (todos juntos): La viña del Señor es la casa de Israel.

Ya no nos alejaremos de ti:

consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos,

míranos con bondad y estaremos a salvo.

Respuesta (todos juntos): La viña del Señor es la casa de Israel.

Segunda Lectura:        Filipenses 4, 6-9

Evangelio (Todos se ponen de pie para la lectura del Evangelio. Un laico omite el saludo, “El Señor esté con ustedes” y procede a “Una lectura del santo Evangelio según San…”): Mateo 21, 33-43

Reflexión sobre las lecturas                                               

Esta semana tenemos una reflexión de Edward Wilson, Archivero de la Diócesis de Owensboro.:

En su Poética, Aristóteles analiza el concepto de “anagnórisis”. La anagnórisis es un tema frecuente en las tragedias griegas. El término se traduce en reconocimiento. Es un momento de revelación cuando un personaje, o personajes, se dan cuenta de algo previamente desconocido sobre sí mismos. En la lectura del Evangelio de hoy, creo que somos testigos de una especie de anagnórisis. Después de responder a Cristo, en cuanto a lo que se debe hacer con los viñadores malvados de la viña, se les revela a los sumos sacerdotes y a los ancianos que ellos mismos son los viñadores malvados. Sin conocimiento de las verdaderas identidades de los viñadores, juzgan sus acciones despreciables. Ven la verdad completa sin que se vea empañada por justificaciones egoístas. Este es un momento de anagnórisis. Estos hombres de gran importancia religiosa se dan cuenta de que son perseguidores de un alma inocente.

 Sin embargo, el relato se registró no para que pudiéramos juzgar a los sumos sacerdotes y a los ancianos, sino para que pudiéramos reflexionar sobre nuestras propias vidas. ¿De qué nos dimos cuenta sobre nosotros mismos? Como los sumos sacerdotes y los ancianos, estoy seguro de que todos sentimos que los viñadores eran crueles e insensibles. Quizás, algunos de nosotros fuimos incluso más lejos que los sumos sacerdotes y los ancianos, juzgando a todos los personajes de la parábola. ¿Quizás algunos de nosotros sentimos lástima por el dueño de la viña, pero creímos que era tonto o ingenuo? Después de todo, ¿quién sino una persona tonta e ingenua enviaría a su hijo a una muerte segura entre sinvergüenzas? ¿Algunos incluso pueden haber pensado lo mismo del hijo? ¿También fue necio e ingenuo por hacer la voluntad de su padre? Quizás no sientes lástima por el dueño de la viña o su hijo, creyendo que su fe infantil en la decencia del hombre los dejó abiertos al resultado que ocurría; simplemente cosecharon lo que ellos mismos sembraron. ¿Somos como los sumos sacerdotes y los ancianos, tan rápidos y seguros en nuestro juicio de las acciones de los demás? ¿Nos excusamos a nosotros mismos mientras condenamos a nuestros hermanos y hermanas por sus defectos? ¿Remediamos esto? Incluso después de juzgarse a sí mismos, sin saberlo, los sumos sacerdotes y los ancianos continuaron hostigando y persiguiendo a Cristo hasta que lograron que lo torturaran y crucificaran.

Finalmente, este pasaje debería hacernos reflexionar sobre cómo Dios desea que llevemos a cabo su obra. Dios no actúa de acuerdo con las costumbres del hombre. No altera sus formas para parecerse a las nuestras. El hijo del dueño de la viña no llegó con un ejército para reclamar la viña, ni Cristo llegó con un ejército para capturar el mundo. Ambos vinieron obediente y pacíficamente a extender la voluntad de su padre. Debemos llevar a cabo nuestras acciones como el dueño de la viña, sin codicia ni venganza. También debemos emular al hijo en su obediencia voluntaria. Como católicos, debemos tener nuestro propio reconocimiento de que somos los nuevos viñadores y la nueva cosecha. Cristo estableció nuestra Iglesia para mantener la cosecha y cosechar para el Padre un producto agradable y abundante.

Además, también puede encontrar reflexiones en inglés en video de la USCCB sobre las lecturas aquí: http://www.usccb.org/bible/reflections/.

Tomen un período de silencio para reflexionar sobre la Palabra de Dios. A lo mejor les gustaría hacer las siguientes preguntas:

                        ¿Qué palabra o frase toca su corazón?

                        ¿Cómo pueden aplicar este mensaje a su vida diaria?

Oración de los fieles

Líder:                Demos gloria al gran Dios, presentando nuestras necesidades con confianza.

Ustedes o los miembros de su familia pueden ser invitados a decir sus intercesiones en voz alta, a lo que todos responden: “Señor, escucha nuestra oración”.  Sería bueno incluir una oración por el fin de la pandemia del coronavirus y un regreso a la Eucaristía dominical pública.

Líder:                Dios de infinita misericordia, escucha las oraciones de tu pueblo, que alaba todas las cosas buenas que vienen de ti, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Respuesta:        Amén.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,

que estás real y verdaderamente presente

en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas

y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente,

más ya que no puedo

hacerlo sacramentalmente,

ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.

Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a ti.

No permitas que me separe de tí. Amén.

Acto de Acción de Gracias

Hagan una oración de acción de gracias. Esta puede ser su propia oración personal de acción de gracias, un cántico de alabanza de las Escrituras, o pueden elegir uno de los siguientes Salmos: Salmo 100; Salmo 113; Salmo 118, 1-4. 19-29; Salmo 136; Salmo 150

Rito de conclusión

En solidaridad con nuestra diócesis, aquí podrían incluir la oración del Papa Francisco a María por la protección contra el coronavirus encontrada al comienzo del Suplemento de Oración de la Diócesis de Owensboro.

Líder:                El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

Todos se persignan con la señal de la cruz.

Respuesta:        Amén.

Como una opción aquí, podrían agregar “Démonos un signo de la paz” extendiendo un signo de la paz de Cristo a sus seres queridos mediante un abrazo, un beso o lo que sea más apropiado para su situación.

Himno

Gracias, Señor

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

Hoy Señor, te damos gracias

Por la vida, la tierra y el sol.

Hoy Señor, queremos cantar

las grandezas de tu amor.

 

Gracias, Padre, mi vida es Tu vida,

Tus manos amasan mi barro,

mi alma es Tu aliento divino,

Tu sonrisa en mis ojos está.

 

Gracias, Padre, Tú guías mis pasos,

Tú eres la luz y el camino,

conduces a Ti mi destino

como llevas los ríos al mar.

 

Gracias Padre, me hiciste a tu imagen,

y quieres que siga tu ejemplo,

brindando mi amor al hermano,

construyendo un mundo de paz.

 

Cesáreo Gabaráin, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.

 

Extractos de la traducción al español del Misal Romano, tercera edición © 2014, USCCB – Conferencia Episcopal Mexicana. Todos los derechos reservados.

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Usado con permiso. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este texto puede reproducirse por ningún medio sin permiso por escrito del propietario de los derechos de autor.