Liturgia de la Palabra- II Domingo de Pascua

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Domingo de la Divina Misericordia

Himno

CREO EN JESÚS

 

¡Creo en Jesús! Creo en Jesús:

Él es mi amigo, es mi alegría, Él es mi amor.

Creo en Jesús, creo en Jesús, Él es mi Salvador.

 

  1. Él llamó a mi puerta, me invitó a compartir su heredad.

Seguiré a su lado, llevaré su mensaje de paz.

 

  1. Ayudó al enfermo y le trajo la felicidad.

Defendió al humilde, combatió la mentira y el mal.

 

  1. Enseñó a Zaqueo a partir su hacienda y su pan.

Alabó a la viuda, porque dio cuanto pudo ella dar.

 

Carmelo Erdozáin, © 2011 OCP.  Usado con permiso.

 

Introducción

Todos se persignan con la señal de la cruz diciendo, “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Líder:                Alabemos a Dios, quien llena nuestros corazones y nuestro hogar con la paz.

Bendito sea Dios por siempre.

Todos responden:          Bendito sea Dios por siempre.

Canten o reciten el Gloria juntos:

 

                        Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama al Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque sólo tú eres Santo,

sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre.

Amén.

 

Líder:                Oremos.

Dios de eterna misericordia,

que reanimas la fe de este pueblo a ti consagrado

con la celebración anual de las fiestas pascuales,

aumenta en nosotros los dones de tu gracia,

para que todos comprendamos mejor

la excelencia del Bautismo que nos ha purificado,

la grandeza del Espíritu que nos ha regenerado

y el precio de la Sangre que nos ha redimido.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios por los siglos de los siglos.

Lecturas

Se recomienda que alguien que no sea el líder proclame las lecturas del día de una Biblia.  De lo contrario, las lecturas diarias se pueden encontrar en http://www.usccb.org/bible/lecturas/

Primera Lectura: Hechos 2, 42-47

Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a

Respuesta (todos juntos): La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel:

“Su misericordia es eterna”.

Diga la casa de Aarón:

“Su misericordia es eterna”.

Digan los que temen al Señor:

“Su misericordia es eterna”.

Respuesta (todos juntos): La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Querían a empujones derribarme,

pero Dios me ayudó.

El Señor es mi fuerza y mi alegría,

en el Señor está mi salvación.

Respuesta (todos juntos): La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores,

es ahora la piedra angular.

Esto es obra de la mano del Señor,

es un milagro patente.

Este es el día de triunfo del Señor:

día de júbilo y de gozo.

Respuesta (todos juntos): La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Segunda Lectura: 1 Pedro 1, 3-9

Evangelio (Todos se ponen de pie para la lectura del Evangelio. Un laico omite el saludo, “El Señor esté con ustedes” y procede a “Una lectura del santo Evangelio según …”): Juan 20, 19-31

 

Reflexión sobre las lecturas

Esta semana tenemos una reflexión de la Hna. Francis Marie, CP, una monja del Monasterio Pasionista en Whitesville.

¡No sigas dudando, sino cree!

 “Estando cerradas las puertas…se presentó Jesús en medio de ellos…” Hoy, como los discípulos en el Evangelio para este Domingo de la Divina Misericordia, estamos juntos detrás de puertas cerradas. Estamos aislados en nuestros hogares, alejados de nuestros vecinos, nuestras iglesias, amigos y familiares por el miedo que ha dominado al mundo frente al contagio incontrolable del coronavirus. En la Palabra de Dios para hoy, Jesús resucitado viene a nosotros, incluso a través de nuestras puertas cerradas, trayendo un mensaje de Pascua, un mensaje de esperanza y gozo glorioso (Ahora bien, ¡no vayas a correrlo de tu casa con una máscara sobre tu rostro y con una botella de desinfectante en las manos!).

En este tiempo de prueba, Jesús nos ofrece su regalo de paz. Tres veces, nos dice: “La paz esté con ustedes”.

Él nos invita, como invitó a Tomás, a tocar sus gloriosas heridas. “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado…” Contemplamos a Jesús resucitado, y sin embargo tocamos las marcas dejadas en su cuerpo por el amargo sufrimiento del Viernes Santo, hace solo unos días.  Cuando nuestras manos tocan los agujeros de los clavos, recordamos el miedo, la angustia, el dolor, la confusión y la oscuridad del día de la muerte de Cristo. Y sentimos agudamente el miedo, la angustia, el dolor, la confusión, la oscuridad del Viernes Santo que estamos viviendo en este momento.

Y cuando, en este momento, tocamos las heridas de Cristo, lo escuchamos decir: “no sigas dudando, sino cree”. Es un Jesús vivo y glorioso que lleva consigo estas heridas y que nos habla. Estas heridas de su pasión son ahora fuentes de misericordia, gracia y sanación para el mundo. Con Tomás, profesamos nuestra fe en el Señor resucitado, quien ha triunfado sobre la oscuridad del Viernes Santo, y decimos: “¡Señor mío y Dios mío!”.

En nuestros momentos de miedo, angustia y duda, mientras nos preguntamos sobre el futuro de nuestro mundo, país, trabajo, finanzas y familia tras la pandemia, fijamos nuestra mirada en el Jesús resucitado y tocando sus heridas, repetimos nuestra profesión de fe, “¡Señor mío y Dios mío!”, confiándonos a nosotros mismos y a nuestras familias por completo a la Divina Misericordia y al poder infinito de nuestro Señor resucitado.

 Esto es lo que significa ser una persona de fe. Ahora es cuando la teoría se pone a prueba. ¿Es nuestra fe tal que, como dice San Pedro en nuestra segunda lectura de hoy, podemos alegrarnos aun cuando ahora sufrimos por adversidades de todas clases, sabiendo que Nuestro Señor y Dios resolverá todas las cosas para nuestro bien? San Pedro dice que, en tiempos como estos, nuestra fe es como el oro que se acrisola por el fuego, y que sea “digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo”. A través de nuestra fe en Él, Cristo nos ofrece “una alegría radiante e indescriptible” incluso en medio de las pruebas de esta vida, y la esperanza de un gozo sin fin en el cielo. Que la alegría y la paz de Cristo sean nuestras mientras continuamos celebrando esta temporada de Pascua tan distinta.

Además, también pueden encontrar reflexiones en inglés en video de la USCCB sobre las lecturas aquí: http://www.usccb.org/bible/reflections/.

Tomen un período de silencio para reflexionar sobre la Palabra de Dios.  A lo mejor les gustaría hacer las siguientes preguntas:

                        ¿Qué palabra o frase toca su corazón?

                        ¿Cómo pueden aplicar este mensaje a su vida diaria?

 

 

Oración de los fieles

Líder:                El Hijo de Dios quien nos invita a vivir por su Luz está listo para expulsar nuestra oscuridad. Vamos a invocarlo en nuestras necesidades.

Ustedes o los miembros de su familia pueden ser invitados a decir sus intercesiones en voz alta, a lo que todos responden: “Señor, escucha nuestra oración”.  Sería bueno incluir una oración por el fin de la pandemia del coronavirus y un regreso a la Eucaristía dominical pública.

Líder:                Inclina tu oído misericordioso a nuestras oraciones, te pedimos, oh Señor, y escucha con bondad las súplicas de quienes te invocan.  Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Respuesta:        Amén.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,

que estás real y verdaderamente presente

en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas

y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente,

más ya que no puedo

hacerlo sacramentalmente,

ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.

Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a ti.

No permitas que me separe de tí. Amén.

Acto de Acción de Gracias

Hagan una oración de acción de gracias. Esta puede ser su propia oración personal de acción de gracias, un cántico de alabanza de las Escrituras, o pueden elegir uno de los siguientes Salmos: Salmo 100; Salmo 113; Salmo 118, 1-4. 19-29; Salmo 136; Salmo 150

Rito de conclusión

En solidaridad con nuestra diócesis, aquí podrían incluir la oración del Papa Francisco a María por la protección contra el coronavirus encontrada al comienzo del Suplemento de Oración de la Diócesis de Owensboro.

Líder:                El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

Todos se persignan con la señal de la cruz.

Respuesta:        Amén.

Como una opción aquí, podrían agregar “Démonos un signo de la paz” extendiendo un signo de la paz de Cristo a sus seres queridos mediante un abrazo, un beso o lo que sea más apropiado para su situación.

Himno

¡El Cielo Canta Alegría!

 

El cielo canta alegría “aleluya”

Porque en tu vida y la mía brilla la gloria de Dios.

 

¡Aleluya, aleluya! ¡Aleluya, aleluya!

 

El cielo canta alegría “aleluya”

Porque en tu vida y la mía vino el amor de Jesús

 

El cielo canta alegría “aleluya”

Porque en tu vida y la mía proclamaran al Señor.

 

Pablo Sosa, © 2011 OCP.  Usado con permiso.