19° Domingo del Tiempo Ordinario

Hagan clic aquí para descargar una versión pdf de esta liturgia para imprimir.

Liturgia de la Palabra – 19° Domingo del Tiempo Ordinario

Himno

 

A Quién Iremos

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

¿A quién iremos, Señor, a quién iremos? Tienes palabras de vida.

¿A quién iremos, Señor, a quién iremos? Tienes palabras de amor.

¿A quién iremos, Señor, a quién iremos? Tienes palabras de paz.

Eres Dios verdadero, el hijo de Dios, en Ti creeré.

Eres Dios verdadero, el hijo de Dios, en Ti creeré.

 

Con este pueblo quiero aprender. Amar a Dios es mi deber.

Con este pueblo quiero aprender. Amar a Dios es mi deber.

 

Pues este amor será muy en vano si no amo a Dios y a mi hermano.

Pues este amor será muy en vano si no amo a Dios y a mi hermano.

 

Mary Frances Reza, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.

Introducción

Todos se persignan con la señal de la cruz diciendo, “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Líder:               Alabemos a Dios, quien llena nuestros corazones y nuestro hogar con la paz.

Bendito sea Dios por siempre.

Todos responden:        Bendito sea Dios por siempre.

Canten o reciten el Gloria juntos:

 

                        Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama al Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;

Porque sólo tú eres Santo,

sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Líder:               Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

a quien, enseñados por el Espíritu Santo,

invocamos con el nombre de Padre,

intensifica en nuestros corazones

el espíritu de hijos adoptivos tuyos,

para que merezcamos entrar en posesión

de la herencia que nos tienes prometida.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios por los siglos de los siglos.

Lecturas

Se recomienda que alguien que no sea el líder proclame las lecturas del día de una Biblia.  De lo contrario, las lecturas diarias se pueden encontrar en http://www.usccb.org/bible/lecturas/

Primera Lectura:            1 Reyes 19, 9a. 11-13a

Salmo Responsorial:    Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Respuesta (todos juntos): Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Escucharé las palabras del Señor,

palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación

y la gloria del Señor habitará en la tierra.

Respuesta (todos juntos): Muéstranos, Señor, tu misericordia.

La misericordia y la verdad se encontraron,

la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra

y la justicia vino del cielo.

Respuesta (todos juntos): Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Cuando el Señor nos muestre su bondad,

nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor

e irá siguiendo sus pisadas.

Respuesta (todos juntos): Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Segunda Lectura:        Romanos 9, 1-5

Evangelio (Todos se ponen de pie para la lectura del Evangelio. Un laico omite el saludo, “El Señor esté con ustedes” y procede a “Una lectura del santo Evangelio según San…”): Mateo 14, 22-33

Reflexión sobre las lecturas                                               

Esta semana tenemos una reflexión del P. Ken Mikulcik, párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón en Russellville, y Director de Formación para el Diaconado:

Las lecturas de este fin de semana me recuerdan dos experiencias del Parque Nacional Cueva Colosal (Mammoth Cave). La primera fue hace unos años cuando decidí ir a acampar a solas en el parque. Preparé mi equipo para caminar y acampar; luego caminé unas pocas millas desde mi carro a uno de los campamentos al lado de una colina donde puse mi tienda de campaña. No estaba muy lejos del río Nolin. No recuerdo haber visto a nadie durante esa caminata, así que fue una experiencia solitaria. Esa noche se desarrolló una tormenta, y, además de la lluvia y el viento, hubo muchos relámpagos. No recuerdo haberme sentido tan expuesto al clima como aquella noche. Dentro de una tienda de campaña, y debajo de los árboles uno se siente bastante frágil con el viento y los brillantes destellos de relámpago y ruidosos truenos. Uno no tiene que escuchar atentamente para experimentar eso. Es impuesto sobre uno.

La segunda experiencia fue caminar por un sendero en el parque durante un agradable día de otoño. Fue una caminata tranquila en el extremo norte del parque. El desafío fue que también era un camino para caballos, y yo iba a pie. Una persona que cabalgaba a caballo me preguntó qué había pasado con mi caballo, y yo respondí preguntando si tenía un caballo extra. Nadie tenía. La perspectiva cuando uno camina y cuando uno monta a caballo es algo distinto: el mismo camino, distintas experiencias. A caballo, uno está más elevado del suelo, no se siente tanto la inclinación de las colinas como un esfuerzo personal, tampoco se siente la carga por el peso del equipo en los pies. Uno pone atención al panorama en general y la experiencia de cómo se comporta el caballo en el camino. Desde el nivel del suelo cuando uno camina, uno nota las colinas y sus inclinaciones y el peso del equipo. También se da uno cuenta de lo que dejan los caballos y lo evita. Avanzando más lentamente, pero estando más cerca de las cosas más pequeñas, los detalles en el suelo, es probable que cuando uno camina note los detalles que se perderían desde la perspectiva de ir montado a caballo. Lo que noté ese día, fueron plantas no muy comunes en el camino, incluyendo boneteros nativos, gaulteria y orquídeas del género de Goodyera. Hay una gran cantidad de sutileza en tales plantas y sus hábitats. Uno puede notar grandes e impresionantes árboles, el paisaje completo del bosque, y cómo el agua corre por los ríos y arroyos, pero también uno puede notar los tesoros ocultos de pequeñas plantas con flores que emergen de la hojarasca junto a un tocón cubierto de musgo. Para tal experiencia uno debe tiene que “escuchar” un poco más atentamente que con una tormenta.

Nuestros dos ejemplos en las lecturas de este fin de semana implican escuchar la voz del Señor en un “murmullo de una brisa suave”, en lugar de “un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas” y en la voz de Jesús diciendo “ven” mientras que a Pedro le entró miedo al sentir la fuerza del viento sobre el agua. Ambas experiencias involucran el monte de la oración: Elías en el monte de Dios, el Horeb y Jesús pasando la noche en oración en el monte a solas después de pasar el tiempo sanando y alimentando a muchas personas. Pedro se mueve para seguir a Jesús incluso en el caos de las aguas tormentosas, pero él es débil y el viento estaba fuerte. Nuestras vidas también tienen fuertes vientos que a veces nos afectan. Tal vez sean enfermedades o inseguridad en el trabajo, conflictos con la familia o en el lugar de trabajo, dificultades internas por daños no resueltos y muchas otras posibilidades. Escuchar atentamente al Señor en esos momentos significa ser fiel en tomar tiempo en el monte de la oración para escucharlo. Dios puede hablarnos en todas las circunstancias, pero eso no es una excusa para no ir a ese lugar de oración y darle nuestra completa atención al Señor. La oración nos lleva desde una concentración en nuestra propia fuerza luchando contra la fuerza del viento hacia la presencia de Jesús cuando gritamos: “¡Sálvame, Señor!”

Además, también puede encontrar reflexiones en inglés en video de la USCCB sobre las lecturas aquí: http://www.usccb.org/bible/reflections/.

Tomen un período de silencio para reflexionar sobre la Palabra de Dios.  A lo mejor les gustaría hacer las siguientes preguntas:

                        ¿Qué palabra o frase toca su corazón?

                        ¿Cómo pueden aplicar este mensaje a su vida diaria?

Oración de los fieles

Líder:               Demos gloria al gran Dios, presentando nuestras necesidades con confianza.

Ustedes o los miembros de su familia pueden ser invitados a decir sus intercesiones en voz alta, a lo que todos responden: “Señor, escucha nuestra oración”.  Sería bueno incluir una oración por el fin de la pandemia del coronavirus y un regreso a la Eucaristía dominical pública.

Líder:               Dios de infinita misericordia, escucha las oraciones de tu pueblo, que alaba todas las cosas buenas que vienen de ti, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Respuesta:       Amén.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,

que estás real y verdaderamente presente

en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas

y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente,

más ya que no puedo

hacerlo sacramentalmente,

ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.

Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a ti.

No permitas que me separe de tí. Amén.

Acto de Acción de Gracias

Hagan una oración de acción de gracias. Esta puede ser su propia oración personal de acción de gracias, un cántico de alabanza de las Escrituras, o pueden elegir uno de los siguientes Salmos: Salmo 100; Salmo 113; Salmo 118, 1-4. 19-29; Salmo 136; Salmo 150

Rito de conclusión

En solidaridad con nuestra diócesis, aquí podrían incluir la oración del Papa Francisco a María por la protección contra el coronavirus encontrada al comienzo del Suplemento de Oración de la Diócesis de Owensboro.

Líder:               El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

Todos se persignan con la señal de la cruz.

Respuesta:       Amén.

Como una opción aquí, podrían agregar “Démonos un signo de la paz” extendiendo un signo de la paz de Cristo a sus seres queridos mediante un abrazo, un beso o lo que sea más apropiado para su situación.

Himno

Quién es Ese

            Escuchen el canto en YouTube aquí

 

¿Quién es ese que camina en las aguas?

¿Quién es ese que a los sordos hace oír?

¿Quién es ese que a los muertos resucita?

¿Quién es ese que su nombre quiero oír?

 

Es Jesús, es Jesús, Dios y hombre que nos guía con su luz.

Es Jesús, es Jesús, Dios y hombre que nos guía con su luz.

 

¿Quién es ese que los mares obedecen?

¿Quién es ese que a los mudos hace hablar?

¿Quién es ese que da paz al alma herida

y pecados con su muerte perdonó?

 

¿Quién es ese que a nosotros ha llegado?

¿Quién es ése Salvador y Redentor?

¿Quién es ese que su Espíritu nos deja

y transforma nuestra vida con su amor?

Patrick Loomis, ℗ 2011 OCP. Usado con permiso.

Extractos de la traducción al español del Misal Romano, tercera edición © 2014, USCCB – Conferencia Episcopal Mexicana. Todos los derechos reservados.

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Usado con permiso. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este texto puede reproducirse por ningún medio sin permiso por escrito del propietario de los derechos de autor.